Unos cuentos no demasiado lógicos

En su Primer Manifiesto, Bretón señala :  “Creo en la futura armonización de dos estados, aparentemente tan contradictorios, que son el sueño y la realidad, en una especie de realidad absoluta, en una sobrerrealidad o surrealidad, si así se le puede llamar”. Creo que ésta es la mejor definición para definir algunos cuentos fantásticos contemporáneos, presentes tanto en la literatura como en el cine: El Mago de Oz, Eduardo Manostijeras y El Principito.

En muchas ocasiones, las leyes de la lógica y de la coherencia se quedan cortas. Muchos artistas piensan que el realismo no consigue satisfacer su ansia por demostrar lo que realmente sienten, su mundo interior. Por esta razón, en vez de utilizar el mundo real como escenario en el que desarrollar sus historias, crean uno a imagen y semejanza de su inconsciente, con sus propias leyes.

Lo característico de los cuentos fantásticos es la superposición entre lo que es real y lo que es producto del sueño. Estos estados a veces son tan parecidos que al receptor le resulta imposible distinguir qué es lo real y qué es lo onírico. Pero ésta es precisamente la belleza de los cuentos maravillosos, la capacidad de mostrar algo anormal como normal y cotidiano. Y si vamos más allá, también descubrimos que los cuentos fantásticos, en muchas ocasiones, se convierten en ensayos filosóficos. En el caso de El Principito, por ejemplo, el mundo creado por el autor es sólo el mero escenario de un debate profundo acerca de la amistad, el amor o la muerte. El tiempo no existe en este relato, no hay una trama, y el personaje no tiene un cometido en la historia. El argumento de la obra o las reglas del mundo, por tanto, es lo que menos importa al autor. La esencia de estos cuentos son los diálogos de los personajes, ya que éstos contienen ideas trascendentales.  Y estos conceptos, quizás, pueden ayudarnos a endender los misterios que esconde la naturaleza del mundo real.

El mago de Oz

Dice Frank Baum en el prólogo de El Mago de Oz que los cuentos de hadas antiguos han llegado a su fin. Según el autor ha llegado el momento para un nuevo “cuento maravilloso”, en el que se eliminan las figuras estereotípicas del enano o del hada y donde desaparecen todos los acontecimientos horribles, acontecimientos que inventaron los autores antiguos para poder enseñar una moraleja espantosa. En su opinión, los cuentos contemporáneos simplemente deben entretener al niño y olvidarse de la moralidad; las normas ya se enseñan en la escuela moderna.

Con esta idea en mente, Baum crea una obra singular, muy diferente a los cuentos típicos. Una niña de Kansas, Dorothy, es trasladada por un remolino hasta un mundo fantástico, donde se encuentra un camino de baldosas amarillas que debe seguir para llegar Oz y encontrar al mago que puede hacerla volver a casa. El mago resulta ser un hombre común, también de Kansas, que ha llegado a Oz en globo aerostático. Al ser una persona normal y corriente, el mago falso no puede conceder sus deseos. Afligida, Dorothy se resigna a vivir en Oz, pero llega el hada y le explica que puede volver golpeando los talones de sus zapatos rojos. Es de esta forma como Dorothy despierta de su sueño, de nuevo en su habitación de Kansas.

El libro tiene una estructura similar a la de muchos cuentos fantásticos y maravillosos: toda la obra consiste en un viaje en un mundo no muy detallado y absurdo, donde Dorothy se detiene continuamente para conocer a nuevos personajes, aceptar nuevos desafíos y reflexionar sobre los símbolos que se presentan a lo largo de todo el camino. Hay muchos temas trascendentales que aparecen en la obra, como la nostalgia por el hogar o el desencanto de la magia. Mi símbolo favorito es el deseo del hombre de hojalata: tener un corazón. El hombre de hojalata está vacío, no siente nada, por eso su mayor deseo es poseer un corazón humano, porque es preferible sufrir a no tener ningún tipo de sentimiento.

Eduardo Manostijeras

La obra de Tim Burton, Eduardo Manostijeras, es considerada para muchos una película de culto. Este cuento de hadas moderno trata de la historia de Edward, un Frankestein con cerebro y corazón pero inacabado, con tijeras en vez de manos. A lo largo de toda película Edward intentará adaptarse a la vida de los habitantes de una zona residencial de Estados Unidos, no obstante, la hipocresía y la maldad de los vecinos provocarán un desenlace triste: la reclusión de Edward para siempre en su castillo lóbrego, alejado del mundo y creando figuras de hielo con sus tijeras. Por esta razón, dice un personaje del filme, siempre nieva en este lugar.

Lo más valioso de esta película, de ambiente onírico y fantástico, es sin duda su personaje principal. Edward es un monstruo sensible y cariñoso, que no conoce el mundo y por tanto es considerado como un bicho raro en la zona residencial. Lo que más destaca el director en la película es cómo Edward rompe con los esquemas establecidos en el pueblo y cómo actúa siguiendo unos valores puros y distintos a los de la comunidad. Este personaje, que tiene un don en el arte y pasa horas creando figuras en los árboles con sus tijeras, no es comprendido por las personas de la zona, a pesar de los esfuerzos de Edward por comprender las costumbres de la gente.

En realidad, y como iremos descubriendo, la mayor parte de esos ciudadanos normales y honrados se revelan como un grupo de hipócritas que se creen con el derecho de juzgar al raro y al diferente, mientras que Edward, en teoría raro y diferente, tiene más corazón y más sensibilidad que estas supuestas buenas personas de moral tan dudosa. Con esta imagen, Burton refleja su opinión acerca de las zonas residenciales, unos lugares que para él siempre han tenido algo de retorcido y de perverso, donde se produce en muchos casos la pérdida de la invidualidad y la imposición de la masa frente al solitario.

El principito

  La portada de este libro es engañosa. A primera vista, El Principito parece un cuento infantil, con una historia simple de un niño que quiere volver a su planeta de origen. No obstante, si leemos esta obra en profundidad, descubrimos que se trata de una historia más completa: un viaje surrealista en un escenario maravilloso, donde la trama no es lo importante, sino los temas trascendentales de los que hablan el niño príncipe y el protagonista,  temas como el amor, la amistad, el descubrimiento del mundo adulto,la muerte y el sentido de la vida.

El libro es en sí mismo una serie de metáforas y símbolos, que deben ser interpretados para entender plenamente el significado de la obra. Mi símbolo favorito es el personaje del zorro, un animal que representa un alegato a la amistad y al amor. Sus palabras son totalmente platónicas y románticas, pues hablan del amor único  que se consigue a través de un proceso que el zorro denomina domesticación:

“-No puedo jugar contigo -dijo el zorro-, no estoy domesticado.

-¿Qué significa “domesticar”?

-Es una cosa ya olvidada -dijo el zorro-, significa “crear vínculos”

-¿Crear vínculos?

-Efectivamente, verás -dijo el zorro-. Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos y no te necesito para nada. Tampoco tú tienes necesidad de mí y no soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si tú me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo. Y yo seré para ti único en el mundo.”

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