¡Paranoia!

Érase una vez una niña que tenía un perrito muy inquieto y juguetón. Un día paseando por la calle, en un descuido, la niña soltó sin querer la correa y el perrito saltó de la acera a la carretera. A los pocos minutos, la niña oyó un ruido, se giró y vio horrorizada que habían atropellado a su mascota. Se arrodilló para cogerlo, llorando, y de repente se dio cuenta de que su padre iba a castigarla cuando se lo contara, porque ella era la culpable de lo que había sucedido. Entonces se inventó una mentira: el responsable de la muerte de su perrito fue un niño que llevaba unos patines dorados y un bate, con el que golpeó al animal hasta matarlo. Poco a poco, la niña se mentalizó de que ella no era la culpable, sino el niño imaginario del bate. Se mentalizó tanto, que incluso llegó un momento en que se olvidó de la verdad, creyéndose ella misma su propia mentira. Fue a partir de entonces cuando el niño del bate se convirtió en un ser de carne y hueso, apareciendo en la ciudad varios casos de víctimas golpeadas. Ésta es la historia de Paranoia Agent.

Existen tres géneros dentro del manga japonés: el shojo o manga para chicas, el shonen o manga para adolescentes, y el seinen, que significa manga para adultos. Este género, muy poco conocido, es bastante complejo, ya que los mangas que pertenecen al seinen hablan de temas como el sentido de la vida, la filosofía acerca de lo verdadero y lo real o el poder de la mente. Al ser cómics y dibujos animados, a primera vista podríamos pensar que están dirigidos a una audiencia infantil, pero lo cierto es que un niño no entendería nada si viera o leyera estas obras.  Paranoia Agent pertenece al género seinen, ya que se trata de un anime psicológico y surrealista que habla de los efectos que puede tener en la realidad la mentira y la paranoia.

Hay varias cosas que me gustaron mucho de este anime. Una de ellas es el perrito de peluche que acompaña siempre a la protagonista, Maromi. Maromi, por un lado, es el símbolo de la paranoia que persigue continuamente a la protagonista. El peluche es el recuerdo de la mentira que inventó la niña cuando murió su perrito, habla con la protagonista cuando están a solas y le recuerda constantemente que aquel incidente no fue su culpa, sino que fue obra del chico del bate. Por otro lado, Maromi se convierte en el peluche de moda. Aquí, el director de la serie, Satoshi Kon, hace una dura crítica a la sociedad de consumo: Maromi es el objeto fácil, lo que todo el mundo quiere para conseguir una felicidad superficial y olvidarse de lo realmente importante.

Otro de mis temas favoritos de la serie es el afán de escapismo de los personajes. Cuando las víctimas del chico del bate comienzan a aumentar considerablemente, la policía se da cuenta de que los afectados siempre son personas mentalmente inestables, individuos que tras el incidente parecen “liberados” de sus problemas internos. Más tarde se descubre que son las víctimas las que llaman inconscientemente al chico del bate, con el fin de que éste les golpee en la cabeza y puedan olvidarse así de su paranoia personal. El chico del bate, además de una ilusión, se convierte en un símbolo del escapismo frente a los problemas. Por esta razón, el delincuente sólo desaparecerá cuando la protagonista recuerde qué pasó realmente cuando murió su mascota y admita su culpa, en vez de huir de sus problemas y escapar a un mundo paranoico, fantástico y alucinatorio.

Finalmente, dejo aquí la música del final de la serie, que refleja a la perfección el ambiente onírico y surrealista presente en esta obra.

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